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Reticencia es tu apellido.  Apellido que llevas por bandera, al igual que como segundo nombre te llamas Inseguridad y como apodo: Indecisión. Tenías todo a mi lado, y poco a poco me fuiste dejando en la nada. No cualquiera sabe lo dichoso que es al conseguir que abra, en un ápice, mi corazón, o entre "nos", las notas del pentagrama de mis emociones.  Dejé que conocieras mis silencios, mis bemoles, mis sostenidos y todas aquellas corcheas que conformaban la melodía de lo que aportabas con tu presencia en mi vida, aun sin creértelo, a pesar de que, al contrario de lo que tú creías, no pudiera sentir nada por ti ni pudiera ofrecerte nada más que un Requiem a destiempo. Marcábamos los ritmos entre Allegro assai hasta que decidiste que pasáramos a Piano, Pianissimo y luego, un silencio final y tortuoso. Habían frecuencias distintas, sí, pero bilateralmente. Yo no quería nada y tú no sabías lo que querías. Mala fórmula cuando de componer algo en conjunto se trata, ya que, a destiem...

Carta a la maldita Inseguridad

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Cuando todo parece ir a mejor, cuando crees que todo es perfecto, cuando gastas más en sonrisas que en lágrimas, cuando crees que te quieres y por fin te aceptas...  Llega ella para recordarte porqué no puedes ser feliz del todo. Personificada o no, parece como si de un manotazo te robara todo aquello que llevabas construido, como si lo que ya creías logrado desapareciera con un "jamás podrás estar a gusto con todo" por bandera. La inseguridad nos conquista, y una vez llega a nuestras vidas es una jodida inquilina que no nos dejará de habitar a lo largo de nuestra vida, con su maldita intermitencia.  Te reitera que nunca serás lo suficiente para nada ni nadie, que siempre habrán otras personas que te reemplazarían fácilmente al mínimo despiste, que no mereces nada de esta vida que sea bueno, que lo único a lo que deberías aspirar es a ser una infeliz disconforme con la realidad que le toca afrontar a diario. Pero... ¿y si le reiteráramos nosotros que ...